Uno de los grandes impedimentos a la conquista del espacio es el enorme coste de los lanzamientos, que requiere una ingente cantidad de dinero en combustible y cohetes. Esta es la razón por lo que empresas privadas como SpaceX y Blue Origin llevan perfeccionando en los últimos años sistemas de recuperación de las primeras fases de sus cohetes, e incluso de sus cofias de carga. Reutilizar materiales supone un enorme ahorro que abarata los lanzamientos y permite poner al espacio al alcance de muchas más empresas e instituciones.

 

Pero la recuperación de cohetes no ha sido el único sistema de abaratamiento de costes que se han planteado los ingenieros para ir al espacio. El ingeniero ruso Yuri Artsutanov en 1960 planteó una idea aparentemente descabellada, que ha vuelto a explorarse recientemente: ir al espacio en ascensor.

 

El concepto es situar una estación espacial en órbita geosíncrona (es decir, que su velocidad de rotación sea igual que la de la Tierra), la cual estaría anclada en algún punto de la Tierra cercano al Ecuador mediante un cable de 35.786 kms.  La idea es que la estación actúe como contrapeso, superando la órbita geostacionaria (punto de orbital en el que los elementos se mantienen a la misma altura).

 

El cable, que podría tener forma de riel, serviría para impulsar un ascensor que permitiese elevar tanto a cargas como a astronautas hacia el espacio, así como permitirles un descenso controlado y seguro. La electricidad necesaria para hacerlo, podría obtenerse de paneles solares situados en el contrapeso.

El mismo Artsutanov decía que la idea, aunque atractiva, era impracticable, ya que no se conocía un material resistente y ligero que permitiese que el sistema no colapsara por su propio peso. Sin embargo, el reciente descubrimiento de los nanotubos de carbono sí permitiría crear una estructura lo suficientemente ligera y resistente como para soportar un ascensor espacial. Esto ha llevado a las agencias espaciales volver a plantearse el proyecto.

Según Bradley C Edwards, un ex-ingeniero de la NASA calcula que se necesitarían unos 20 años para construirlo, con un coste aproximado de la décima parte  de la Estación Espacial Internacional. El coste de enviar un kilogramo al espacio se reduciría así en unas 100 veces o más.

¿Te imaginas ir al espacio en ascensor? ¡A la última planta, por favor!