Convertirse en astronauta es un auténtico desafío, pero eso no significa que sea imposible. Todas las agencias espaciales realizan convocatorias cada pocos años para seleccionar a nuevos candidatos para ir al espacio, aunque como te puedes imaginar, son muchos los que se presentan y pocos los que finalmente van al espacio.

 

Básicamente, tanto para la NASA como para la ESA hay dos formas de ser candidato a astronauta: como piloto o como especialista.

 

Los pilotos son los astronautas de la vieja escuela, y hasta la última misión del Apollo, todos ellos eran pilotos militares o de pruebas. Los candidatos a astronauta piloto tienen que acumular más de 1.000 horas de vuelo en aviones a reacción. Su estatura tiene que estar entre 1, 63 m y 1,93 m y pasar un test físico en el que su presión arterial no esté por encima de 14 y en el que la vista alcance un 20/20 sin corrección. Si el piloto supera las pruebas de selección física, tendrá que participar posteriormente en otras de entrenamiento en simuladores.

Los astronauta especialistas son científicos e ingenieros, expertos en campos en los que el espacio es un factor relevante. El primer primer astronauta especialista fue Harry Schmidt, en el Apollo 17. Schmidt era un geólogo y su misión era estudiar las rocas lunares in situ. El requisito mínimo para ser astronauta especialista es ser licenciado en carreras como física, matemáticas, biología o química, aunque generalmente los seleccionados poseen doctorados en estos campos. Su vista tiene que ser también de 20/20 y su presión sanguínea no superar tampoco los 14. En estatura, eso sí, los requisitos son más laxos: se permite una altura desde 1,49 a 1,93m.

Sin embargo, cumplir los requisitos no garantiza ni mucho menos ser seleccionado. En 1998, la NASA hizo una convocatoria a la que se presentaron más de 2.600 personas. De ellas, se seleccionaron únicamente 32. En 2017, se presentaron más de 18.000 y se eligieron solo a 12.

Existe una tercera opción, que es ser turista espacial, y que básicamente implica ser millonario. Dennis Tito pagó en 2001 20 millones de dólares para pasar una semana en la ISS. Aunque las nuevas agencias privadas como SpaceX y Blue Origin pretenden abaratar los costes y explotar el turismo espacial, de momento lo más económico es estudiar… y mucho.