La mente detrás de la ingeniería de los cohetes de Estados Unidos durante el comienzo de la carrera espacial fue sin ninguna duda Wernher Von Braun. El alemán, diseñador de los primeros misiles de la historia, los V2 alemanes, fue una figura pública y mediática que sedució al pueblo norteamericano con la idea de llevar a la humanidad al espacio. Sería el ingeniero detrás de la tecnología que llevaría al hombre a la Luna.

 

Su contraparte soviética, la persona que consiguió poner el primer satélite, el primer ser vivo, el primer hombre y la primera mujer en órbita, entre otros logros, fue sin embargo un completo desconocido, incluso para su país, a lo largo de toda su vida.

 

Serguéi Koroliov nació en Ucrania en 1907, y desde niño se vio fascinado por el entonces novedoso mundo de la aviación. A pesar de que su educación formal se centró en la carpintería, su pasión por la aviación le llevó a unirse a clubes aeronáuticos, donde además de diseñar su primer planeador, tuvo la oportunidad de experimentar con cohetes rudimentarios. Se convertiría en un auténtico ingeniero autodidacta, que terminaría trabajando en la industria aeronáutica de la Unión Soviética. Sin embargo en 1938 acabaría siendo falsamente acusado de disidencia ideológica y enviado al Gulag durante las purgas de Stalin.

 

Las cosas cambiarían al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Rusia necesitaba desarrollar un programa de misiles y los ingenieros alemanes, capitaneados por Von Braun, habían huído a Estados Unidos. Koroliov era el más indicado para desarrollar el programa y fue liberado del Gulag. Se le pidió que fuese el encargado del programa de cohetes rusos, a partir de unos pocos V2 alemanes capturados.

 

Koroliov pronto vio que los V2 estaban desfasados y empezó a trabajar en un cohete multifase propio, el R7. A pesar de algunos intentos fallidos, El R7 de Koroliov pronto puso a la Unión Soviética en cabeza en el programa de misiles. Pero también causó que la KGB le ordenase permanecer en el anonimato, ante el temor de que los americanos intentasen matarlo o secuestrarlo. A partir de entonces, sería conocido simplemente como el “Diseñador Jefe”.

 

La ambición de Koroliov no era que su R7 se dedicase a transportar ojivas nucleares, sino que la humanidad pudiese salir de la tierra y beneficiarse del espacio. Gracias a su habilidad social, logró convencer al presidente Krushov de que poner en órbita un satélite sería una muestra internacional del prestigio tecnológico soviético, y así logró que en 1957, el Sputnik se convirtiese en el primer satélite artificial en el espacio.

Koroliov fue responsable también del lanzamiento de la perrita Laika el mismo año, y del programa Vostok que haría que la URSS se mantuviese en cabeza en la carrera espacial durante la primera mitad de los años 60, con el lanzamiento de Gagarin (primer hombre en el espacio), Tereshkova (primera mujer en el espacio) y Leonov (primer paseo espacial). Sin embargo, no pudo llevar a cabo su sueño de llevar al primer hombre a la Luna, al morir durante una operación en 1966, a los 59 años.

 

Dos días después de su muerte, el orbituario de Koroliov fue publicado en el diario nacional “Pravda”, con una foto junto a sus medallas. Ese día todo el mundo conoció al fin la identidad del “Diseñador Jefe” que había llevado a la Unión Soviética a la gloria.

 

Koroliov fue enterrado con honores en el Muro del Kremlin. El cohete Soyuz que actualmente utiliza la Federación Rusa para sus lanzamientos, no es más que una versión modernizada del diseño del R7 de Serguéi Koroliov.

Nada mal para un ingeniero autodidacta, ¿no crees?