Júpiter es el planeta más grande del Sistema Solar, y cuando decimos grande, queremos decir enorme. Este gigante compuesto de gas (existen dudas de que su núcleo pueda ser o no sólido), tiene una masa de 318 tierras y es tres veces más mayor que el segundo planeta más grande, Saturno.

 

En apariencia, Júpiter es una inmensa bola de color ocre y blanquecino, formado principalmente de helio e hidrógeno. Las tormentosas nubes de su superficie, apoyadas por su elevada velocidad de rotación (la más rápida del Sistema Solar) forman una bella composición de líneas paralelas que parecen acuarelas de distintas tonalidades. Sin embargo, hay algo que a simple vista siempre nos ha llamado poderosamente la atención: la Gran Mancha Roja. Una especie de “marca de nacimiento” que es tan característica en Júpiter, como los anillos lo son en Saturno.

 

La Gran Mancha Roja es un gran anticiclón situado en el hemisferio sur de Júpiter, que tiene un tamaño aproximado de 1’3 veces la la tierra. Aunque no sabemos exactamente cuándo se formó, los astrónomos estiman que lo hizo entre 300 y 400 años atrás. Fue observada por primera vez por el científico inglés Robert Hooke en el siglo XVII y empezó a monitorearse con regularidad en 1830.

 

Cuando decimos anticiclón no hablamos precisamente de buen tiempo, ya que la Gran Mancha Roja es una tormenta violentísima, pero sus vientos giran en el sentido contrario a las agujas del reloj. Se estima que en sus extremos, el viento sopla a una velocidad de entre 450 y 600 kilómetros por hora, tardando unos cuatro días en dar una vuelta completa.

La imponente tormenta eleva los gases del interior de Júpiter a la superficie, y éstos, al reaccionar con la radiación solar provocan este color rojizo, que suele variar sus tonalidades entre el rojo vivo y el ocre claro.

La gran Mancha roja vista por el telescopio Hubble.
La gran Mancha roja vista por el telescopio Hubble.

Sin embargo, nada dura eternamente. El astrónomo Glenn Orton, uno de los científicos responsables de la misión de la NASA Juno, encargada de estudiar el planeta, nos advierte de que el fin de la Gran Mancha Roja está más próximo de lo que nos imaginábamos. Según comenta, en el siglo XIX, cuando comenzó a ser estudiada, La Gran Mancha Roja tenía un tamaño de 4 veces la Tierra. En los años 80, su tamaño era de 2,5 veces nuestro planeta y hoy de solo 1,3. “En apenas 20 años la Gran Mancha Roja podría transformarse en el Gran Punto Rojo y después de ello, en el Gran Recuerdo Rojo.”

Mejor irnos acostumbrando a un Júpiter con la cara bien lavada.