El próximo destino en la exploración espacial es Marte. Es un hecho claro desde hace tiempo y se espera que el primer humano pise el planeta en la década de los 30 de este siglo, aunque algunos optimistas hablan de la década que viene.

 

Sin embargo, hasta que se inició la era de la exploración espacial, la opción más viable parecía Venus, segundo planeta del Sistema Solar. Y es que Venus, no sólo está mucho más cerca de la Tierra que Marte (40 millones de kilómetros frente a 59 de Marte en su momento de mayor proximidad) pudiéndose ver en el cielo en un día despejado, sino que su composición y masa es muy similar a la de la Tierra además de presentar una viva atmósfera que durante siglos llevó a pensar a escritores que estaba habitado por fabulosas criaturas.

 

Sin embargo, Venus es un auténtico infierno. Y no solo porque es el planeta más caliente del Sistema Solar con 462ºC en su superficie de promedio, sino también por la enorme presión que ejerce su densísima atmósfera, compuesta en un 96,5% de dióxido de carbono y coronada por enormes nubes de ácido sulfúrico.

 

Es esta presencia de ácido sulúrico, un compuesto que contiene una gran proporción de hidrógeno y oxígeno, lo que nos hace pensar que hace millones de años, Venus fue un planeta con océanos apto para la vida, tal y como hoy lo es la Tierra. Porque Venus es el ejemplo extremo de las consecuencias del efecto invernadero. Un caos ecológico que pudo tener origen en los más de 1000 descomunales volcanes de más de 20 km de extensión que se cuentan en su superficie y que demuestran que Venus, igual que la Tierra, posee un núcleo y un manto líquidos que propician la actividad volcánica.

Venus es , hablando metafóricamente, el gemelo malo de la Tierra, igual pero opuesto en muchas cosas. Al contrario que el resto de los planetas, orbita en el sentido contrario alrededor del sol, lo que se llama rotación retrógrada. Y es también el único planeta, junto a Mercurio que no posee lunas.

Imágenes enviadas por Venera 13, durante sus 127 minutos de vida.

Venus posee el honor de ser el primer planeta sobre el que hemos posado suavemente una sonda. Fue Venera 3, lanzada por la Unión Soviética en 1966; aunque la sonda falló antes de poder enviar ningún dato a la Tierra. Y es que las mortales condiciones de la atmósfera venusiana destruyeron la sonda antes de lo previsto. Los rusos continuaron el programa Venera hasta 1975, logrando obtener imágenes de su superficie y diferentes mediciones; pero la imposibilidad de lograr más de dos horas de vida operativa sobre el planeta, hizo que finalmente se abandonase el proyecto. A día de hoy, Venera 14 es la última sonda en posarse sobre Venus.

 

¿No suena muy acogedor, verdad? Es una suerte que te haya tocado la hermana buena.