El 12 de abril de 1961, la anciana campesina Anna Trajtarova y su nieta Rita de seis años de edad, quedaron atónitas cuando divisaron en medio del remoto campo colectivo donde Anna trabajaba a un hombre con un extraño traje naranja y un enorme casco blanco con las letras CCCP escritas en rojo. A lo lejos había un artefacto parecido a una bola metálica, con un gran paracaídas desplegado sobre el trigo. La anciana preguntó al extraño: “¿Vienes del espacio?”. Y el hombre le contestó sonriendo: “Ciertamente sí. Pero no se alarme, soy soviético”.

Este hombre era Yuri Alexei Gagarin, un piloto de la URSS que apenas dos horas antes se había convertido en la primera persona en ir al espacio.

 

Yuri Gagarin nació en un pueblecito rural de Smolensk en 1934, hijo de un carpintero y una campesina. Durante la Segunda Guerra Mundial, y siendo niño, su casa fue requisada por los alemanes, teniendo que vivir con sus padres en una choza de barro mientras sus dos hermanos mayores fueron deportados a la Alemania Nazi como mano de obra esclava. Pero la guerra no marcaría solo su niñez sino también su futuro. Sucedió cuando un avión del Ejército Rojo fue derribado cerca de su pueblo y otro aviador vino a rescatarlo. Allí, el joven Yuri pudo ver un avión de cerca por primera vez y ser testigo del heroísmo de los pilotos de guerra. En ese momento decidió que quería ser uno de ellos.

 

En 1957, justo tras haber finalizado sus estudios técnicos y obtenido sus alas de piloto, la Unión Soviética se convirtió en la primera potencia espacial al lanzar los dos primeros satélites artificiales, el Sputnik y el Sputnik 2, adelantándose con estas hazañas a los Estados Unidos.

El programa espacial soviético avanzaba tan rápido que en 1959 se inicia un proyecto para llevar al hombre al espacio. El valiente Yuri no dudó un segundo en prestarse voluntario junto con 3.500 compañeros, de los que se seleccionaron seis. Gagarin fue finalmente elegido para ser el primer cosmonauta de la historia. Sus notas en las pruebas y su reducida estatura (1’57) lo hacían ideal para ir en la pequeña cabina de la nave Vostok.

 

El miércoles 12 de abril de 1961 Gagarin pasa a la historia al ser lanzado en un cohete Vostok desde el cosmódromo de Baikonur. Siempre alegre y decidido, en el momento de ser lanzado, Yuri exclamó su famoso Poyejali! (¡Vámonos!), frase que se hoy se utiliza en la cultura rusa antes de cualquier empresa arriesgada o para brindar.

El vuelo de Gagarin transcurrió sin incidentes en un primer momento, logrando ponerse en órbita exitosamente y dando una vuelta completa a la Tierra en 108 minutos.  Pero poco antes de la reentrada, tuvo un problema al fallar el desacoplamiento del módulo de soporte al volver a la atmósfera. Por suerte, el calor de la reentrada atmosférica logró que el módulo de la Soyuz se desprendiera solo y Yuri pudiese llegar sano y salvo a la Tierra. Eso sí, aterrizando a cientos de kilómetros del punto esperado: en la granja de Anna Trajtarova en la remota provincia de Sarátov.

La hazaña de Yuri fue celebrada a nivel mundial y hoy se considera uno de los mayores héroes nacionales de Rusia. Con él comenzó la era de la exploración espacial, y su hito empujó a los Estados Unidos a plantearse un reto que finalmente los adelantase en la carrera por el espacio: la llegada a la Luna tan solo 8 años después.

Poyejali!

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